La prueba de
Enlace
Enrique
Calderón Alzati / ii
Hace dos semanas escribí un artículo sobre la prueba de Enlace,
en el que me propuse resaltar la importancia de este instrumento de evaluación
educativa, que se ha venido aplicando desde hace algunos años y que en el
presente se realizó en marzo para los estudiantes del sector medio superior y
esta semana para los alumnos de educación básica, por lo que constituye un tema
de interés público que merece ser ventilado públicamente, sobre todo ante la
existencia de opiniones tan encontradas como diversas. El artículo generó una
serie de simpáticos comentarios sobre su contenido, los cuales agradezco por el
tiempo que se tomaron sus autores en leerlo y escribirlos; agradezco también un
par de lecciones de ortografía que me fueron enviados y que desde luego me
invitan a ser más cuidadoso.
Por ello, he considerado importante escribir un segundo artículo sobre el mismo tema, proporcionando alguna información que quizás no es del dominio público, de acuerdo con lo que he podido observar.
Antes de hablar de la prueba, es importante referirme al sistema educativo en su conjunto, para señalar algunas deficiencias relevantes, como la gran diferencia que se observa entre los niveles educativos de los estados del norte de la República con los del centro y del sur, o entre las zonas urbanas y las regiones rurales, diferencias que son inocultables y socialmente injustas, por las consecuencias que ello tiene en el desarrollo económico y en la calidad de vida de esas regiones. Tales diferencias no son nuevas, pero con los años se han venido incrementando, al grado de estar conformando hoy varios Méxicos socialmente distintos. El sindicato nacional de maestros, los sucesivos funcionarios públicos que han dirigido la SEP, y los gobiernos estatales, no son todos ajenos al crecimiento de este problema.
Por otra parte, existe la idea maniquea de que el gobierno es terriblemente malo, confundiendo el término gobierno con el de la cúpula gobernante, lo cual impide ver que en ese gobierno pueda existir gente comprometida con el cambio y la justicia social; negar esto es negar nuestra historia. Hidalgo y Morelos surgieron de la institución más corrupta de su tiempo; Juárez, Melchor Ocampo y Guillermo Prieto trabajaron como funcionarios de gobiernos muy cuestionables, antes de llegar a ejercer el poder para dejar su huella en la historia; varios caudillos de la Revolución sirvieron en el porfirismo antes de romper con él; el general Lázaro Cárdenas surgió de las filas del callismo y eliminó los intereses representados por éste. ¿Acaso no es posible que del sector educativo surjan los elementos de cambio que el país necesita? Desde luego que en los últimos que pudiéramos pensar sería en el señor Lujambio o en la señora Gordillo.
Un tercer elemento al que quizás valdría la pena darle la importancia que tiene es que, por el hecho de formar parte de alianzas y acuerdos internacionales, los países socios de México han estado obligando a nuestros gobernantes a mejorar los niveles de conocimientos, competencias y aspiraciones de su población, por la sencilla razón de que a ellos les interesa el crecimiento del mercado mexicano para sus productos, trátese de autos, celulares o alimentos industrializados, para lo cual necesitan que los mexicanos tengamos mejor educación y mejores condiciones de vida, seguramente no por otra cosa, de manera que las organizaciones que realizan las tareas de evaluación, al igual que las personas que las coordinan, son respaldadas más por esas agencias que por los funcionarios educativos y líderes sindicales; yo, en lo personal, no estoy de acuerdo con algunas de las ideas y razones que sustentan los modelos liberales que le han sido impuestos a México, pero como dije en mi artículo anterior, ello constituye un tema de discusión ajena al sistema educativo, por lo cual las herramientas de evaluación educativa en un contexto de competencias productivas constituyen un elemento estratégico para el futuro del país; tratar de hacerlas a un lado, porque es el gobierno el que las aplica, es algo así como darle patadas al pesebre.
Imaginemos por un momento que al aplicar el examen de Enlace 2009-2010 los estudiantes de algún estado, como Querétaro o Baja California, por ejemplo, salieran mal en la evaluación, ello constituiría una llamada de atención a la población de esas entidades sobre la existencia de algún tipo de problema y daría pie a demandas públicas para corregirlo; al mismo tiempo, los resultados estarían indicando a los gobiernos respectivos la necesidad de dar mayor atención a la educación (que buena falta hace en todo el país) y asignar más recursos a sus sistemas educativos.
No entiendo muy bien por qué estas razones puedan parecer descabelladas o de mala fe. México no va a tener mejor educación de un golpe, sino como resultado de muchos esfuerzos que puedan ir siendo preparados, articulados y mejorados por maestros y especialistas comprometidos (que no funcionarios ineptos). Después de haberla analizado, la prueba de Enlace aplicada hace un año me parece excelente (para las áreas de español y matemáticas); la recién aplicada habrá que estudiarla y, si está mal, lo cual podría ser posible en virtud de los cambios realizados en esa institución, habrá que demandar su mejora, pero nunca su eliminación.
SEP
ENLACE es un programa diseñado y operado por la SEP cuyo propósito, es contribuir al avance educativo de cada alumna y alumno, cada centro escolar y cada entidad federativa. Aunado al trabajo diario de los docentes, la sabia conducción de los directivos, el compromiso de las autoridades, la participación de los padres de familia y, desde luego, el esfuerzo de nuestras alumnas y alumnos, ENLACE constituye un recurso fundamental para hacer crecer a México.
Por otra parte, ENLACE representa la acción evaluativa de mayor dimensión en el Sistema Educativo Nacional en virtud de dos razones fundamentales: la cantidad de pruebas diferentes que se aplican y la cobertura que tiene.
Respecto a las diversas pruebas que lo integran, es oportuno decir que para el ciclo escolar 2011-2012 se aplicaron las correspondientes a Español y Matemáticas en primaria y secundaria, así como a Ciencias Naturales en primaria y Ciencias I, II y III en secundaria. En bachillerato se aplicaron las pruebas que miden Comprensión lectora y Habilidad matemática.
En cuanto a la cobertura de ENLACE, debe subrayarse que son evaluadas todas las alumnas y alumnos de 3º a 6º grados de primaria y de 1º a 3er grado de secundaria, tanto en escuelas públicas como privadas. En el nivel de bachillerato, se evalúa a la población que cursa el último año en una mayoría de las instituciones que ofrecen estos estudios, independientemente de que se trate del bachillerato general o alguna de las múltiples orientaciones de este nivel.
Para contar con las diversas pruebas de ENLACE, la SEP coordina el trabajo de más de un centenar de especialistas, así como de personal técnico y colaboradores diversos. Para la aplicación de los exámenes se despliega una operación en la que participan cientos de funcionarios a nivel nacional, personal de apoyo, así como coordinadores y aplicadores a lo largo y ancho del territorio nacional, encargados de entregar sus exámenes a las niñas y niños donde quiera que cursen sus estudios: la capital del país o el más apartado rincón de nuestra geografía.
Obtener los resultados que aquí se ofrecen implica, a su vez, la participación de expertos y personal técnico que laboran bajo el imperativo de esta meta: brindar información que muestre —de manera válida y confiable— la medida en que el alumnado domina los aprendizajes que fueron evaluados.
Mas, ¿qué sentido tendría todo este esfuerzo si no ha de traducirse en beneficios individuales y colectivos? Precisamente los resultados que ahora se ofrecen representan el punto de partida de acciones transformadoras. La propia SEP utiliza los resultados para mejorar su trabajo, pero sin duda es en los centros escolares, las aulas, los hogares y el deseo de cada alumna y alumno donde éstos producen su efecto más deseable: ayudar a avanzar.
Secretario de Educación Pública.
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